28/03/2022 |
Genealogía de la Ingeniería Técnica Agrícola en el 75 aniversario de su Consejo General

Javier Lorén Zaragozano, Presidente del Consejo General de Colegios de Ingenieros Técnicos Agrícolas

 

No resulta fácil encontrar un precursor de nuestra ingeniería, e intentaré explicarme. Como dice el Dr. Jaime Lamo de Espinosa, las profesiones de ingeniero agrícola, y/o agrónomo, somos invisibles a la sociedad.  Cuando vemos un puente o un viaducto, pensamos en un ingeniero de caminos; cuando vemos un viñedo o una plantación de frutales con su sistema de regadío, el ciudadano no piensa que detrás hay un ingeniero, ni casi un ‘agricultor’. Pareciera que los alimentos ‘aparecieran’ en los lineales.

En cualquier caso, y por comenzar por los inicios, podemos decir que en el S. XXI, además de hacer proyectos, gestionar explotaciones, cooperativas, etc., asesoramos a los agricultores, ganaderos y empresas agroalimentarias en diversos ámbitos; y esto nos lleva a la antigua Roma.

 

Con motivo del 75 Aniversario del Consejo General de Colegios de Ingenieros Técnicos Agrícolas hemos querido poner de manifiesto, que las personas que formamos el colectivo de ingenieras e ingenieros técnicos agrícolas tenemos vocación de servir a la sociedad. Han sido muchos los compañeros y, afortunadamente, cada vez más, también las compañeras, que  han contribuido al desarrollo de la agricultura, la ganadería y la industria agroalimentaria, y lo que es más importante, a mejorar la productividad y la calidad de los alimentos.

 

ÉRASE UNA VEZ…

Yuval Noah Harari (2015), nos dice: «Antaño, los estudiosos creían que la agricultura se extendió desde un único punto de origen en Oriente Próximo hasta los cuatro extremos del mundo. En la actualidad, los entendidos están de acuerdo en que en otras partes del mundo surgió también la agricultura, pero no porque los agricultores de Oriente Próximo exportaran su revolución, sino de manera completamente independiente.

Los pueblos de América Central domesticaron el maíz y las habichuelas sin saber nada del cultivo del trigo y los guisantes en Oriente Próximo. Los sudamericanos descubrieron cómo cultivar patatas y crear llamas, ignorantes de lo que ocurría tanto en México como en el Levante. Los primeros revolucionarios en China domesticaron el arroz, el mijo y los cerdos.

Los primeros jardineros de Norteamérica fueron los que se cansaron de registrar el sotobosque en busca de calabacines comestibles y decidieron cultivar calabazas. Los habitantes de Nueva Guinea domesticaron la caña de azúcar y los plátanos, mientras que los primeros granjeros de África occidental produjeron el mijo africano, el arroz africano, el sorgo y el trigo conforme a sus necesidades». (Capítulo 5) [1]

Así, tanto  Marco Poncio Catón, -Catón el viejo-, que en su tratado de agricultura (160 a.C.) establecía recomendaciones muy apropiadas, como alguien más cercano a nuestra tierra, el gaditano Lucio Junio Moderato Columela, que en sus doce tomos de De Rex Rustica asesoraba en sus textos sobre cómo había que llevar a cabo  las tareas agrícolas para mejorar la producción y la calidad, podrían considerarse como tal. En su prólogo decía «solamente la agricultura, que sin duda alguna está muy cerca de la sabiduría y tiene cierta especie de parentesco con ella, carece de discípulos que la aprendan y de maestros que la enseñen». Columela fue un magnífico maestro y, podríamos decir que, un estupendo ingeniero.

Los romanos, se preocuparon por mejorar la agricultura y desarrollaron diversas técnicas. Inventaron el arado romano, que con diversas adaptaciones se ha usado hasta hace unas décadas; crearon infraestructuras para conducir el agua: canales, acueductos, etc.; utilizaron el injerto y el acodo, e incluso mejoraron los métodos  para su realización;  implantaron magníficos jardines en sus villas, etc.  Sin duda, todo ello gracias al esfuerzo y la inteligencia de mentes privilegiadas con conocimientos multidisciplinares.

 

EL ORIGEN DE LA AGRICULTURA

La agricultura como tal, comenzó en la media luna fértil entre el Tigris y el Éufrates; y, probablemente, en aquellos momentos ya hubo algún precursor de nuestra profesión, aunque no haya pasado a los anales de la historia. También podemos decir que, desde el  punto de vista de la ingeniería, la profesión de agrimensor, sería nuestro punto de partida, dado que entre otras muchas competencias, y funciones, medimos, deslindamos y valoramos parcelas. El origen del agrimensor se atribuye, según los historiadores, al mundo hebreo o a Egipto.

La agrimensura, madre también de la topografía, la ejercían numerosos profesionales dedicados a la medición y ordenación agraria de superficies rústicas. Los agrimensores tuvieron un prestigio envidiable en la antigua Roma (gromáticos) ya que fueron toda una institución; trazaban caminos, campamentos, colonias militares, etc. El más distinguido fue Sexto Julio Frontino (nacido en el  35 d.C.), que además fue elegido cónsul tres veces. Podríamos decir que él fue el verdadero precursor de la topografía, que es una actividad que forma parte de la profesión de ingeniero técnico agrícola. En cualquier caso, esta es una interpretación que nosotros hacemos, y que puede no ser compartida por otras personas, pero lo que es evidente es que durante la realización de nuestros estudios recibimos formación en este campo.

Los agrimensores y aforadores tenían entre sus atribuciones (…) medir, reconocer, justipreciar y levantar el plano geométrico de cualquier heredad: pueden ejercer también su profesión en aforos, reparticiones testamentarias, tercerías en discordias, deslindes (…),  trabajos que, actualmente, realizan muchos compañeros. La vinculación de los peritos agrícolas y los agrimensores ha sido muy estrecha. De hecho fue durante mucho tiempo la principal ocupación de los primeros.

Probablemente, como dice Jaime Lamo de Espinosa, “la influencia de Malthus en el inicio del S. XIX, fue decisiva como impulso a la ingeniería agronómica.  Sus teorías sustentan y proporcionan las bases de la necesidad de ampliar la producción, de ir más allá de los rendimientos” [2].  Los ingenieros técnicos agrícolas y los ingenieros agrónomos hemos aportado nuestro conocimiento, para conseguir aumentar  la producción en cantidad y calidad.

 

EL ORIGEN DE LA PROFESIÓN

Existen evidencias de que, en 1807 [3] se creó la Cátedra de Agricultura, unida a la de Botánica en el Jardín Botánico de Madrid. Apenas medio siglo después nace nuestra profesión como tal, con la creación de la escuela Central de Agricultura, que fue una escuela de educación superior con sede en la ciudad española de Aranjuez, que existió entre 1855 y 1868. Los peritos se formaron en la Finca “La Flamenca”. De esta escuela, surgirán los primeros ingenieros agrónomos, y quienes antecedieron a los ingenieros técnicos agrícolas: los peritos.

Los primeros pasos para la creación de la escuela, y por ende para el nacimiento de nuestra profesión, se dieron siendo ministro de Fomento D. Manuel Alonso Martínez, bajo el reinado de Isabel II, el 6 de julio de 1855. El 1 de septiembre de 1855 (Gaceta del 5 de septiembre) se publican los Reglamentos orgánicos para las Secciones de Ingenieros Agrónomos y Peritos Agrícolas de la Escuela Central de Aranjuez. Poco después, los decretos de 28 de noviembre de 1855 y 28 de septiembre de 1858 centralizaron la enseñanza de estas profesiones en la Escuela de Aranjuez, extinguiéndose las demás escuelas de agricultura.

Estamos en los orígenes de los primeros peritos titulados, que empiezan a ejercer su profesión con algunas limitaciones. Así, por ejemplo, durante un tiempo tuvieron la limitación de que no podían medir fincas de más de 30 hectáreas. Una evolución sustancial fue la Ley de julio de 1866, que reorganizó la enseñanza agrícola en tres categorías: superior, profesional (la de Perito Agrícola) y elemental.

En 1894, el Real Decreto de 19 de enero, aprobaría el Reglamento de la Escuela General de Agricultura que comprendería:

I. Escuela especial de Ingeniero Agrónomo.

II. Escuela profesional de Peritos Agrícolas.

 

TITULACIÓN Y PROFESIÓN

A mitad del S. XX se produce una modificación, con la Ley de 20 de julio de 1957, sobre Ordenación de las Enseñanzas Técnicas, que estableció dos grados: superior y medio. Las Escuelas Técnicas de grado medio expedirían los títulos de Aparejador o Perito.

Un cambio más interesante se produjo con la Ley 2/1964, de 29 de abril, de reordenación de las Enseñanzas Técnicas (las Escuelas Técnicas de Grado Medio), ya que se creó la titulación de Ingeniería Técnica Agrícola y, con  la Orden de 28 abril de 1969, que estableció la ‘convalidación’ de títulos de Aparejadores y Peritos por los de Arquitecto e Ingeniero Técnico.

Y dos décadas después, la ley 12/86 de atribuciones de las ingenierías y arquitectura técnica, que fue un avance cualitativo y cuantitativo importantísimo para nuestras atribuciones profesionales. Así, dejó de haber limitaciones de ningún tipo para los proyectos realizados dentro de la especialidad del Ingeniero Técnico Agrícola.

 

ORGANIZACIÓN PROFESIONAL

En otro orden de cosas, en 1895 se fundó  la Asociación de Peritos Agrícolas de España, que comienza a trabajar activamente por la reivindicación de sus derechos profesionales, poniendo gran empeño en que desaparezca la absurda limitación de las treinta hectáreas.

Nuestro nacimiento como institución colegial se produjo con la Orden de 27 de noviembre de 1947 (BOE del 6 de diciembre) del Ministerio de Agricultura, que crea los Colegios Oficiales de Peritos Agrícolas de España y el Consejo General de sus Colegios, y aprueba el Reglamento presentado por las Juntas directivas de las Asociaciones Nacional de Peritos Agrícolas y de Peritos Agrícolas del Estado.  D. Manuel Peña fue el primer presidente de dicha institución, en 1948. Recientemente, el 11 de marzo de 2022, hemos celebrado el 75 aniversario del Consejo General de Colegios de Ingenieros Técnicos Agrícolas.

Con motivo de esta celebración, hemos querido poner de manifiesto, que las personas que formamos el colectivo de ingenieras e ingenieros técnicos agrícolas tenemos vocación de servir a la sociedad. Han sido muchos los compañeros y, afortunadamente, cada vez más, también las compañeras, que  han contribuido al desarrollo de la agricultura, la ganadería y la industria agroalimentaria, y lo que es más importante, a mejorar la productividad y la calidad de los alimentos.  El esfuerzo de todos ha dado sus frutos, y somos capaces de producir más con menos, y además preservando el medio ambiente. Quienes estamos en el medio rural, ayudando a producir alimentos, también queremos contribuir a mejorar el entorno en el que estamos.  Somos los primeros interesados en que estos lugares sean habitables, saludables, confortables y dignos de contemplar con una mirada abierta.

En estos inicios del S. XXI, la tecnología avanza a una gran velocidad. De aquellos precursores de nuestra profesión, a los actuales ingenieros e ingenieras, hay una gran distancia en lo que concierne a los aspectos técnicos y productivos; probablemente su amor por la naturaleza sea muy similar. Hoy, el emprendimiento y la innovación forman parte de una necesidad más acuciante que en ningún otro momento de la historia del hombre. La ingeniería contribuye a satisfacer las necesidades del ser humano, y en el ámbito agrícola a proveer a la ciudadanía, de algunas de sus mayores necesidades: los alimentos, el vestido y otras materias primas.

Por eso, desde aquí, queremos rendir un sincero homenaje tanto a los precursores de la ciencia agronómica y de la ingeniería del sector, como a los que actualmente están a la vanguardia de la implementación de la tecnología en el medio rural y en la industria agroalimentaria.

 


[1] Sapiens. Yuval Noah Harari, Editorial Debate (2015).
[2] 150 aniversario de la Escuela de Ingenieros Agrónomos, Jaime Lamo de Espinosa (2005).
[3] El catastro según los peritos. Manuel Escalona Molina (2014).