Sin igualdad, no hay profesión

Victoria Ortega, presidenta de Unión Profesional.

 

En el aprendizaje continuo y la adaptación constante a esta nueva situación, fruto de un contexto globalizado de pandemia que ha transformado nuestras vidas de manera radical, no son pocos los temas transversales que han saltado a la arena pública, como la importancia de los cuidados y el bienestar de quienes los procuran. Somos más conscientes que nunca de la fragilidad de nuestras estructuras y de la magnitud de los desafíos, presentes y futuros. 

Más aún si ponemos el foco en la igualdad como estrategia transversal, cuyos ejes principales —salud, educación, liderazgos— han quedado evidenciados en este tiempo de cambio a partir de una crisis de salud pública que también ha traído consigo un aumento de la violencia de género durante y tras los periodos de confinamiento.

Una situación a constatar, todavía más si cabe, en el año en que el Convenio para prevenir y combatir la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica del Consejo de Europa —más conocido como Convenio de Estambul— cumple una década, y exige de las profesiones una formación y una sensibilización sobre los diferentes tipos de violencia que se ejerce contra las mujeres, incluido el acoso laboral y el practicado a través de Internet.

 

PRINCIPIOS Y VALORES

En esta línea de trabajo, las profesiones estamos priorizando algunos de los principios y valores que nos constituyen para adaptarnos de la mejor manera posible a las necesidades de la ciudadanía. La pandemia nos ha brindado una oportunidad única para repensarnos e incluir a las mujeres en la toma de decisiones, así como para plantear una nueva economía de cuidados, transversal e inclusiva, y diseñar planes socioeconómicos con perspectiva de género. Son ejemplos de políticas que nos permitirán mejorar las vidas de las mujeres y las niñas, lo que repercutirá en el bienestar global de la ciudadanía. Algo a lo que apunta de manera certera la filósofa Victoria Camps, en su reciente ensayo Tiempo de cuidados: 

“Hacer del cuidado un objetivo político significa atacar los vicios que lastran el servicio público y que hacen de las administraciones organismos poco aptos para cumplir su misión más propia, la de atender y auxiliar a la ciudadanía más necesitada. Significa diseñar estructuras que propicien la redistribución de las obligaciones de cuidarnos mutuamente. Significa asimismo tomarse en serio la llamada «transición ecológica» y hacer del cuidado de la «casa común» una preocupación sostenida y prioritaria”.

 

Estamos hablando de una actividad, la de cuidar, que supone en no pocas ocasiones un lastre en el ámbito laboral y de desarrollo de la carrera profesional

 

Una aspiración, la de la sostenibilidad de la casa de todas y todos, que no es baladí, de la misma manera que denunciar que los cuidados no pueden seguir realizándose en la soledad e invisibilidad de las estructuras familiares, especialmente las lideradas por mujeres, requiere de compromisos por todas las partes para que se traduzcan en mejoras tangibles. Estamos hablando de una actividad, la de cuidar, que supone en no pocas ocasiones un lastre en el ámbito laboral y de desarrollo de la carrera profesional; y que, cuando es llevada a cabo en el mercado laboral, supone para las profesionales que la ponen en práctica enfrentarse a un escenario de precariedad que no podemos, ni debemos permitir. 

Porque, como nos recuerda la Agenda 2030 de Naciones Unidas, “la igualdad de género no solo es un derecho humano fundamental, sino que es uno de los fundamentos esenciales para construir un mundo pacífico, próspero y sostenible”. Es por esto que, desde las profesiones, hemos de adoptar un posicionamiento claro: estar alerta ante cualquier problemática que afecte a la ciudadanía y contribuir al diseño de políticas que garanticen la erradicación de las asimetrías agravadas por las circunstancias presentes. 

 

AGENDA 2030

En el momento en el que se están diseñando los planes de prospección para un mañana transformador, ¿cómo no hacer honor a los principios y valores propios de las profesiones colegiadas?. Porque, pensar en las profesiones del futuro es, también, pensar en las mujeres. Prueba de ello es el plan de acción de Naciones Unidas para los próximos años, que nos ofrece una batería de herramientas, todas ellas ligadas a los valores y la cultura de las profesiones, que bien pueden erigirse en nuestra hoja de ruta para un mañana más justo e igualitario.

Concretamente, entre las metas del Objetivo de Desarrollo Sostenible dedicado a la Igualdad se cuentan como prioridades la eliminación de todas las formas de discriminación, la garantía de igualdad de remuneración y reducción de la tasa de desempleo, la eliminación de todas las formas de violencia contra mujeres y niñas, la redestribución de los cuidados, el acceso universal a la salud y la gantatía de derechos sexuales y reproductivos, y la participación paritaria en la toma de decisiones.

 

Desde los Consejos y Colegios Profesionales que forman parte de Unión Profesional estamos trabajando en el fomento de la participación y promoción de la corresponsabilidad profesional a partir de la adopción de políticas de promoción de la igualdad en todos nuestros ámbitos.

 

No sorprende que a todo ello se le añada el foco interseccional —de género, clase, raza, origen étnico, estatus migratorio, discapacidad…— como principio a tener en cuenta en todos los ámbitos profesionales y políticos. 

Desde los Consejos y Colegios Profesionales que forman parte de Unión Profesional estamos trabajando en el fomento de la participación y promoción de la corresponsabilidad profesional a partir de la adopción de políticas de promoción de la igualdad en todos nuestros ámbitos. Se trata de un compromiso que atraviesa los ocho sectores y treinta y siete profesiones que componen una institución que entiende la igualdad como estrategia transversal desde la que abordar cuestiones clave como la erradicación de la pobreza, el refuerzo de ámbitos clave como la sanidad, la educación, el trabajo digno, la industria, la innovación y las infraestructuras, las ciudades y las comunidades sostenibles, y el acceso a la justicia. 

Una perspectiva al fin y al cabo holística que sintetiza la esencia constructiva y plural inherente a las profesiones; perspectiva que entendemos necesaria para perfilar horizontes futuros más igualitarios para todos y todas. Una aspiración que transcurre por el compromiso de las profesiones con su naturaleza misma en un tiempo, como dice Victoria Camps, “en los enormes avances científicos y tecnológicos contrastan con desigualdades lacerantes, exclusiones, pobrezas y marginaciones incomprensibles”. Paradojas que obsesionan a la filosofía y de las que nos intentamos ocupar las profesiones. Porque, si algo hemos aprendido durante esta pandemia es que, sin igualdad, no hay profesión.

 

 

Artículo publicado en el número 122 de la revista del Ilustre Colegio Colegio Oficial de Gestores Administrativos de Madrid

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