Instituciones que canalizan y orientan capacidades de nuestras sociedades

Meritxell Batet, Presidenta del Congreso de los Diputados

 

Vivimos tiempos de crisis. Lo es desde luego la pandemia  de la COVID 19, crisis sanitaria en su origen pero con profundas consecuencias económicas y sociales. Lo fue sin duda la crisis económica y financiera que ha marcado la última década. Y lo es también la desafección política y los riesgos de populismo y polarización que se hacen presentes en las democracias occidentales en formas e intensidades diversas.

En tiempos de crisis volvemos la mirada hacia lo público, hacia las instituciones que canalizan y orientan las capacidades de nuestras sociedades para dar una respuesta que vaya más allá de las posibilidades de cada uno de los ciudadanos; unas instituciones que en Europa nos permiten hoy, afortunadamente, sumar fuerzas y recursos de nuestros distintos estados y disponer así de mejores  y más intensos y equilibrados instrumentos de reacción. A las instituciones públicas corresponde pues la responsabilidad fundamental de afrontar las crisis con eficacia y con justicia, desde la solidaridad y con la movilización de los recursos comunes necesarios.

Pero los recursos públicos no son en ocasiones suficientes. Su gestión y dirección no consigue siempre llegar a todos sus  destinos. Y las ideas innovadoras y la flexibilidad necesaria no siempre tienen fácil entrada en las administraciones públicas. En todos esos casos, lo público busca en la sociedad civil fórmulas alternativas o complementarias de actuación, iniciativas que, aun fuera de las instituciones, comparten un compromiso fundamental con la sociedad, un compromiso público de implicación de solidaridad y, finalmente, un compromiso personal de poner lo mejor de cada uno al servicio de todos. 

 

Estas líneas quieren ser un agradecimiento desde la representación democrática dirigido a todos los y las profesionales que han hecho honor a su vocación de compromiso público. 

Y quieren ser también un impulso para mantenerlo y ampliarlo, así como un compromiso recíproco desde las instituciones públicas de abrirse a esas iniciativas y saber valorar y aprovechar las capacidades que los profesionales ponéis a disposición de todos. 

 

En esa dinámica de compromiso, los profesionales tienen una larga tradición, pues late en la propia definición de una profesión la puesta a disposición de capacidades y saberes particulares para el interés general; una vocación de servicio que se expresa además en sus códigos, por ejemplo en ese reciente Estatuto General de la Abogacía por el que tanto ha luchado la presidenta de la Unión Profesional y del Consejo General de la Abogacía, Victoria Ortega; esa lex artis de toda profesión en la que late siempre ese compromiso público al que me refiero.

En las recientes crisis ese compromiso se ha reafirmado de nuevo: desde luego entre los profesionales sanitarios en torno a la pandemia, pero también en aquellas profesiones vinculadas con bienes, derechos y valores afectados por la crisis: desde la vivienda a los servicios sociales, desde la educación al asesoramiento jurídico o financiero. 

Quien, desde su profesión de arquitecto, fue presidente de la Unión Profesional, Jordi Ludevid ha escrito recientemente un hermoso libro, Una ciudad de profesiones, que desde el recorrido histórico e intelectual se configura como una reivindicación de la participación y el compromiso de los profesionales en la iniciativa y la acción públicas. Reivindicación que lo es ante las instituciones, pero también ante los propios profesionales; y que se convierte en una oferta dirigida al conjunto de la sociedad por parte de aquéllos que por sus conocimientos, por su organización y por su compromiso están en condiciones de poner en común unas capacidades específicas y de enorme utilidad.

Por esa disposición durante estos años de crisis, estas líneas quieren ser un agradecimiento desde el Parlamento, desde la representación democrática, dirigido a todos los profesionales que han hecho honor a su vocación de compromiso público. Y quieren ser también un impulso para mantenerlo y ampliarlo, así como un compromiso recíproco desde las instituciones públicas de abrirse a esas iniciativas y saber valorar y aprovechar las capacidades que los profesionales ponéis a disposición de todos.

 

 

Este artículo ha sido publicado, en primera instancia, en la revista Profesiones de Unión Profesional.

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