«El desarrollo de las mujeres profesionales es uno de los objetivos más necesarios y urgentes a implementar desde las agrupaciones colectivas»

Entrevista a María Ángeles García Pérez, presidenta de la Asociación Profesional de Especialistas en Género, Igualdad, Acoso y Violencia de Género (Apregen).

 

 

Dada tu experiencia con consejos generales y colegios profesionales, ¿cuáles consideras que son, a día de hoy, los potenciales a desarrollar por estas organizaciones en materia de igualdad, tanto a nivel interno como externo?

La igualdad entre géneros es uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 y el más cercano a la ciudadanía. Mujeres y hombres profesionales ejercen diariamente sus diferentes actividades compartiendo espacio en igualdad de derechos. No obstante, aún sigue existiendo una mayor dificultad para las mujeres en compatibilizar la vida laboral, con la personal y familiar, ante la escasa aplicación de la perspectiva de género.

La sociedad en general, a pesar de las leyes y de la supuesta implicación colectiva con el principio de igualdad y de trabajos de igual valor, sigue esperando una respuesta individual que responda a la asunción de roles de género, especialmente respecto a las mujeres, y ello produce un grave perjuicio a esta parte de la sociedad: las mujeres.

Si bien participan activamente en la esfera pública —el denominado ‘trabajo remunerado’—, lo hacen en condiciones de desigualdad respecto a los hombres, pues siguen desempeñando los trabajos que la sociedad espera que realicen en la esfera privada –el ‘trabajo no remunerado’—. Existen obstáculos que limitan el acceso a promocionar, a ocupar puestos de dirección, a desempeñar trabajos de mayor responsabilidad y, por ello, se limitan sus expectativas laborales, retributivas y personales.

El desarrollo de las mujeres profesionales es uno de los objetivos más necesarios y urgentes a implementar desde las asociaciones y agrupaciones colectivas, a fin de lograr el equilibrio necesario que elimine la brecha económica entre sexos. 

 

 

¿Cuáles serían, desde tu punto de vista, las políticas y protocolos a poner en marcha por los colegios profesionales y sus consejos generales en lo que respecta a la igualdad, acoso y violencia de género?

Trasladar el principio de tolerancia cero desde los consejos generales a los colegios profesionales, y éstos a los colegiados y colegiadas, es una tarea fácilmente alcanzable y que solo requiere un pequeño esfuerzo de coordinación y colaboración interprofesional.

El Consejo General de Colegios de Graduados Sociales de España, y especialmente la labor de su presidente Ricardo Gabaldón, es un ejemplo de implicación y sensibilidad con estas materias, trasladadas a los colegios profesionales y los colegiados por sus presidentes y presidentas. Desde cada colectivo profesional se puede aportar gran valor, conocimiento y experiencia que debe ser compartido y coordinado desde las asociaciones que agrupan a los colegios y a los consejos de colegios profesionales.

Trabajando como equipo multidisciplinar, aportando desde cada colectivo su visión y su saber, se podrá alcanzar una misión común: la eliminación de la desigualdad y de todas las formas de violencia hacia las mujeres, especialmente, y hacia aquellos colectivos desfavorecidos que tienen más dificultades para alcanzar sus sueños.

La desigualdad por razón de sexo y de género es el origen del desequilibrio. Es el primer peldaño en una virtual escalera en la que la brecha salarial, la violencia económica, el acoso sexual, la trata con fines de explotación, la mutilación genital femenina, etc., en la que el peldaño más alto lo ocupa la violencia de género en las relaciones de pareja o expareja y la violencia vicaria, que suponen la lacra sobre la que se hace imprescindible trabajar para lograr que sea finalmente erradicada.

La agrupación de profesionales compartiendo conocimiento y haciendo un frente común desde los diferentes espacios sociales transmitiendo valor es fácilmente alcanzable.

 

 

Desde tu punto de vista, ¿qué necesidades podrían cubrirse desde la propia Unión Profesional en esta materia, teniendo en cuenta que paragua a 37 profesiones colegiadas de diferentes sectores?

La asociación que tengo el honor de presidir —Asociación Profesional de Especialistas en Género, Igualdad, Acoso y Violencia de Género (Apregen)— surgió a partir de un grupo de amigos de diferentes perfiles profesionales, pero con una misma visión. Todos los profesionales podemos aportar algo que sabemos hacer y solo tenemos que tener voluntad de compartir. Nuestro objetivo es dar a conocer que la violencia está oculta y se da en todos los entornos sociales. Que la desigualdad a veces es invisible o no la queremos ver.

Difundir valores y aportar conocimiento en nuestros diferentes colectivos es una meta y un objetivo que compartimos. Trasladar a la ciudadanía un mensaje común y difundirlo desde los colegios profesionales, a los colegiados y éstos a la sociedad se ha convertido en nuestro reto. Logar un mundo exento de violencia y acercar la aplicación del principio de la igualdad desde diferentes perfiles profesionales.
Unión Profesional agrupa a 37 profesiones diferentes. Todas juntas, compartiendo un mismo mensaje y trasladándolo a la sociedad unidas, tendrá una repercusión y un eco difícil de ignorar.

 

 

¿Qué balance haces de los últimos cambios normativos en materia de igualdad y de la transformación cultural que implica para las organizaciones?

Los últimos cambios normativos que han visto la luz a través de los RD 901/2020 y 902/2020 de 13 de octubre suponen un salto sustancial, desde la ya antigua Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva entre mujeres y hombres con las modificaciones que se introdujeron en 2019 por el RD ley 6/2019.

Mi opinión al respecto es dual. Por un lado, me parece importante y necesario el hecho de establecer normas que impongan obligaciones para lograr el objetivo de alcanzar la igualdad real y, en concreto, desde herramientas diseñadas para eliminar la brecha salarial entre mujeres y hombres. Por otra parte, tristemente, me parece que estas herramientas no han sido creadas para dicho fin.
Para empezar, falta la formación necesaria para poder aplicar el principio de igualdad en las empresas y en las personas que forman parte de las mesas de diálogo social. Se confunden los foros tradicionales de debate de negociación colectiva con los objetivos de las leyes en materia de igualdad.

No se definen los perfiles profesionales y las especialidades de formación que se requieren para su aplicación. No se ha contado con los consejos generales de colegios profesionales, que deberían haber sido llamados a aportar su conocimiento en la materia. Se ha legislado rápido, produciendo muchas dudas, lagunas y una gran inseguridad jurídica.

El principio de transparencia retributiva y la obligación impuesta a las empresas de informar de los diferentes salarios y conceptos retributivos a través de compartir esa información con las representaciones legales de las plantillas o sindicales, supone un cambio radical y no creo que sea el medio adecuado y augura grandes conflictos en su aplicación.

Se ha empezado por el tejado, y se han olvidado de construir los cimientos.

 

 

¿Cuál sería el kit básico de igualdad que todo colegio profesional, por pequeño que fuera, debería tener?

En materia de igualdad y desde el ámbito de aplicación de las relaciones laborales, en colaboración con el Consejo General de Colegios de Graduados Sociales de España estamos desarrollando un programa pionero. Nuestro objetivo principal es aportar el valor de nuestra profesión en el marco de la justicia social a otros profesionales, bajo el marco de acuerdos de colaboración entre consejos generales y colegios de ámbito nacional.

A través de jornadas formativas e informativas, de la distribución de contenidos técnicos en formato díptico en materia de igualdad en el ámbito laboral, de la elaboración de protocolos de actuación ante el acoso y la violencia, la puesta a disposición de un canal de denuncias, entre otros proyectos, son un ejemplo de los trabajos que compartimos y que facilitan la implementación de las normas. En definitiva, un proyecto de colaboración social profesional desde la especialización en la materia de igualdad, acoso y violencia en el mundo de las relaciones laborales y compartida con otras profesiones.

Todas las personas que sean ‘empleadoras’ tienen que aplicar el principio de igualdad en el trabajo, realizar un registro retributivo y ponerlo a disposición de la representación legal de las plantillas o en ausencia de representación unitaria, de las personas trabajadoras. Tener un protocolo de prevención y actuación ante el acoso sexual y por razón de sexo, con todas las garantías necesarias. Un canal de denuncia a disposición del personal y una actuación proactiva de protección a las víctimas. Difundir los principios de tolerancia cero hacia comportamientos que puedan ser susceptibles de causar un daño físico, emocional o una lesión a la dignidad de las personas. 

 

Unión Profesional firmó el pasado octubre un convenio de colaboración con el Consejo de Graduados Sociales y Apregen en materia de prevención del acoso y fomento de la igualdad.

 

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