29/01/2021 |
Terremotos en Granada

Manuel Regueiro y González-Barros, presidente del Colegio de Geólogos, aborda en este artículo de opinión la necesidad de invertir en ciencia para la detección temprana de los terremotos, así como la necesidad de políticas coherentes en prevención de riesgos sísmicos.

 

España, es sabido, está en una región relativamente tranquila desde el punto de vista sísmico, es decir no estamos como en Japón o California, por citar dos zonas conocidas por todos los lectores. Eso precisamente hace que, cuando se producen terremotos un poco potentes, nos produzcan —a los que estamos lejos— estupor y sorpresa; y a los que están cerca, miedo e incertidumbre.

Los terremotos sirven para que los habitantes del planeta nos demos cuenta de lo poco importante que es el ser humano frente a la dinámica habitual del planeta, que obvia su existencia y sigue su curso natural. Lamentablemente, en España los terremotos sentidos son poco frecuentes lo que, inevitablemente, hace que nos olvidemos enseguida de esa amenaza latente; aunque, afortunadamente, tenemos normas de construcción antisísmica, lo que ha hecho, por ejemplo, que los daños en Granada sean muy livianos, frente a lo que ocurrió en diciembre de 1884, que destruyó completamente los pueblos de Arenas del Rey y de Ventas de Zafarraya, murieron 1.200 personas y hubo 1.500 heridos.

 

Los terremotos sirven para que los habitantes del planeta nos demos cuenta de lo poco importante que es el ser humano frente a la dinámica habitual del planeta, que obvia su existencia y sigue su curso natural

 

Desde principios de diciembre de 2020 se registran un enjambre de terremotos superficiales al noroeste de la ciudad de Granada, en el entorno de las localidades de Atarfe, Pinos Puente y Santa Fe. Son todos ellos terremotos superficiales, con epicentros a menos de 10 km de profundidad y magnitudes mayoritariamente menores de 2,5 Mw.

Hasta la fecha se han producido en este evento sísmico 700 terremotos en la zona, algo habitual en zonas símicas. Hay millones de terremotos todos los días en el planeta; lo que ocurre es que  —como ha sucedido en Granada — el 80% no se sienten porque están por debajo del umbral de percepción del ser humano. Estos son los sismos de menos de magnitud 2 Mw, denominados microsismos. En todo el mundo hay 8.000 microsismos al día, casi tres millones al año.

Por lo tanto, es habitual que se produzcan terremotos en la provincia de Granada, ya que se asienta sobre una zona sísmica de riesgo moderado en los límites entre la placa euroasiática y la africana. La zona es sísmica desde hace millones de años, y seguirá siendo sísmica mucho después de que desaparezca la especie humana, si lo hace algún día, algo previsto razonablemente si miramos la historia geológica de la Tierra.

 

 

MAPA DE PELIGROSIDAD SÍSMICA

Según el nuevo Mapa de Peligrosidad Sísmica de España del IGN (2012), y revisado en 2015, la aceleración sísmica máxima, para un periodo de 475 años y en suelo tipo roca, en la zona de Atarfe-Santa Fe es de 0,23g —tal y como se muestra en la Figura—, siendo este uno de los valores más altos de todo el país.

Que se relaje a través de las fallas la tensión acumulada en las rocas debido a la colisión de las placas es lo normal también, ahí están las cordilleras Béticas para demostrar que la colisión existe y produce la elevación de la Sierra Nevada, el Mulhacén, con 3.479 metros sobre el nivel del mar, es un claro exponente de la orogenia en curso.

Hoy por hoy no se pueden predecir los terremotos. Los geólogos sabemos dónde se van a producir gracias a los mapas de riesgo, a los estudios de peligrosidad y a los registros históricos, pero no sabemos cuándo se van a producir. Conviene pues aumentar la inversión en ciencia para que podamos acercarnos cada vez más a esa predicción, hoy lejana. Seguramente algún día podremos prevenirlos, al menos con tiempo para advertir a la ciudadanía afectada; mientras tanto, hay que actuar con educación ciudadana —es muy importante que se hagan simulacros regulares en colegios e instituciones públicas y que se actualicen los planes de emergencia—, con una actualización instantánea de los mapas de peligrosidad —basados en la aceleración sísmica prevista para una determinada zona—.

 

Hoy por hoy no se pueden predecir los terremotos. Los geólogos sabemos dónde se van a producir gracias a los mapas de riesgo, a los estudios de peligrosidad y a los registros históricos, pero no sabemos cuándo se van a producir

 

La norma de construcción sismo resistente, al basarse en esos mapas de peligrosidad, adecuará de inmediato los requisitos constructivos en base a la aceleración sísmica actualizada, lo cual evitará daños en construcciones como viviendas convencionales, carreteras, puentes y espacios públicos en general. En Granada, por ejemplo, la mayoría de edificios están construidos con la normativa antisísmica de los años 70, pero desde 2002 es de obligado cumplimiento el decreto nacional de construcción sismo resistente. 

Sin ir más lejos, Lorca, antes de su terremoto destructivo de 2011, aparecía en los mapas de peligrosidad con una aceleración sísmica prevista de 0,12g, pero durante el terremoto alcanzó 0,40g lo que, unido a la escasa profundidad del epicentro (un kilómetro), causó graves daños materiales y dejó nueve muertos y unos 325 heridos. Lamentablemente, desde 2011 no se ha avanzado mucho en la necesidad de incorporar con mayor rigor la necesidad de cumplimiento de los requisitos antisísmicos y las aportaciones de los estudios de paleosismicidad y de fallas activas en las normas.

 

Lamentablemente, desde 2011 no se ha avanzado mucho en la necesidad de incorporar con mayor rigor la necesidad de cumplimiento de los requisitos antisísmicos y las aportaciones de los estudios de paleosismicidad y de fallas activas en las normas. 

 

Somos humanos y nuestra escala humana de tiempos no alcanza a comprender la escala geológica, por eso tenemos que invertir más en ciencia para la detección temprana de los terremotos y también más en prevención. En las zonas de riego se debe advertir a los ciudadanos que están en riesgo y enseñarles a comportarse cuando el peligro de materializa. Una inversión muy pequeña frente a los beneficios en vidas y bienes que nos puede reportar.

 

Manuel Regueiro y González-Barros, presidente del Colegio de Geólogos