22/07/2020 |
El turismo, el gran damnificado

Antonio Pedraza, presidente de la Comisión Financiera del Consejo General de Economistas

 

El peso de este sector en la economía española es tan abrumador, que ante crisis tan inesperada y grave cono la actual, enciende todas las alarmas. En nuestro caso ya soporta más del 12,5 % del PIB (en algunas autonomías llega al 30%), adelantando el que supone la industria, y sumando una aportación superior a los 180.000 M. de euros, mientras que el porcentaje de empleo relacionado con el mismo se eleva al 14% del total del país. Pero donde se comprueba realmente esta dependencia es si lo comparamos con Francia, una potencia en turismo que solo depende de este sector en un 7,3%. En el caso de los países de la OCDE este peso en promedio representa solo el 4,1%. Nuestra vulnerabilidad es evidente.

Esta introducción nos permite situarnos en la gravedad que, para el sector, está suponiendo la pandemia. Ante el cese total de la actividad acontecido, su puesta en marcha es la más difícil: en esta industria se trabaja con reservas habituales y preventa turística que oscilan de los tres meses al año, lo que implica la necesaria seguridad de estas para poner en marcha un engranaje de oferta mínimo: personal necesario, materia prima, suministros, adaptación a normas sanitario, etc. Todo ello partiendo de cero. Muy difícil. Por otra parte, la recuperación la prevemos por subsectores: primero turismo rural y de naturaleza, también el del bienestar y salud; en segundo lugar el de sol y playa; en tercero el urbano y cultural; por último el de reuniones y viajes de negocios. En todos los casos con garantías en cuanto a sanidad, salubridad y ausencia de masificaciones.

Fuera de demagogias, pues se ha pronunciado el ministro del ramo, calificando al turismo de “precario y bajo valor añadido”, comprobándose lo poco que conoce el terreno que pisa, y aludiendo a un cambio de modelo productivo, como si esto fuera posible de un día para otro, y que según lo planteado, conllevaría despotenciar el sector en beneficio de otros, como la industria. Como si el propio sector no fuera una industria, con todo lo que su entorno genera poderosamente en este sentido.

 

El reto ante la amenaza de COVID-19, y sus alarmantes rebrotes, es a corto plazo -mantener la viabilidad de las empresas y evitar el mayor número posible de cierres- abordando, de cara a la próxima temporada, un plan de acción con el máximo apoyo del Gobierno para encarar la difícil recuperación con medidas de promoción acordes a la gravedad y urgencia de la crisis.

 

El reto ante la amenaza de COVID-19, y sus alarmantes rebrotes, es a corto plazo -mantener la viabilidad de las empresas y evitar el mayor número posible de cierres- abordando, de cara a la próxima temporada, un plan de acción con el máximo apoyo del Gobierno para encarar la difícil recuperación con medidas de promoción acordes a la gravedad y urgencia de la crisis. Entre otras, un aplazamiento del pago de los impuestos es absolutamente necesario, así como la activación de líneas de crédito ICO que contemplen la idiosincrasia del sector. Una ampliación de los ERTEs, como muy pronto, hasta finales de año, aunque también es cierto que sería necesario que cubriesen el resto de temporada baja, prorrogándose hasta el fin del primer trimestre del 2021.

No podemos olvidar el ejemplo de Alemania o Italia que, además de ayudas directas, están potenciando sistemas de bonos y vales gratuitos  para fomentar la demanda. Todo menos una subida de impuestos, que sería lo más contraproducente y, desde luego, nefastamente pro cíclico, pues descentivaría el consumo y la demanda sobre el sector turístico, algo agravado en los momentos actuales por el crecimiento del ahorro, prevención a la que venimos asistiendo como consecuencia del miedo e incertidumbre ante la crisis.

 

Antonio Pedraza, presidente de la Comisión Financiera del Consejo General de Economistas