Respuesta a la crisis del COVID-19: Organizaciones de la sociedad civil y comunicación

Arno Metzler, presidente del Grupo Diversidad Europa del CESE

 

La pandemia de coronavirus (COVID-19) seguirá cambiando nuestras vidas. En nuestro poder está considerar que se trata de una oportunidad para realizar cambios positivos y sostenibles. De esta pandemia podrían emerger una verdadera sociedad civil europea, una comprensión compartida de los derechos y las obligaciones, así como un entendimiento común de la ciudadanía europea. Podríamos empezar por acabar con todos los prejuicios, antiguos pero comunes, por los que nos dejamos llevar en los distintos Estados miembros.

 

Las previsiones económicas de primavera de 2020, publicadas el 6 de mayo por la Comisión Europea, son preocupantes. La pandemia de COVID-19, que tendrá graves consecuencias para las economías del mundo y de la UE, y que requerirá respuestas políticas excelentes, eficientes y exhaustivas a nivel nacional y de la Unión, también está teniendo un impacto significativo en la sociedad civil y sus organizaciones.

Las organizaciones de la sociedad civil, por ejemplo, las asociaciones familiares, de apoyo a las madres y a la infancia, de consumidores, medioambientales, sociales y profesionales, así como las fundaciones y los colectivos de otro tipo, se enfrentan a grandes dificultades financieras, sobre todo como resultado de la pandemia. Su labor en esta época de crisis ha contribuido en gran medida a que nuestras sociedades se mantengan cohesionadas y estables. Las organizaciones de la sociedad civil han hecho y están haciendo todo lo posible para apoyar a las personas necesitadas, dándoles voz y expresando su solidaridad y compasión a pesar de sus limitados recursos. Hay una infinidad de ejemplos de acciones emprendidas por la sociedad civil europea para hacer frente a esta crisis, lo que demuestra que las estructuras de la sociedad civil son ahora más importantes que nunca.

Por lo tanto, al dar respuesta a la pandemia de COVID-19, no debemos olvidar estas estructuras de la sociedad civil, que también son nuestras, ya que de lo contrario corremos el riesgo de perderlas. Los dirigentes y las instituciones de la UE tienen que reconocer el valor que reviste la labor de las organizaciones de la sociedad civil para nuestras comunidades. En esta desafortunada situación, debemos hacer cuanto esté en nuestras manos para apoyar a nuestras organizaciones de la sociedad civil, brindándoles la posibilidad de acceder a las ayudas estatales disponibles para las empresas o a programas de ayuda especiales.

 

Es necesario que haya una comprensión colectiva y una toma de conciencia del hecho de que somos más fuertes si estamos unidos


Este puede ser el momento propicio para que surja una verdadera sociedad civil europea
, con una comprensión común de los derechos y las obligaciones. Para ello, ante todo, se requiere dinero. Y para recaudar las grandes cantidades de fondos necesarios hay que entenderse mutuamente y, en lugar de prejuzgar, conocer a nuestros socios tanto a nivel político como a nivel de la sociedad civil. Es hora de posicionarse y eliminar tanto los viejos prejuicios como los nuevos. Al menos, el estallido de la crisis del coronavirus ha demostrado que, a este respecto, todavía queda mucho por hacer para evitar que las personas recaigan en los viejos sentimientos nacionalistas. Tenemos que afrontar y cuestionar los prejuicios con transparencia e información y aprovechar la confianza en las organizaciones de la sociedad civil para defender el proceso europeo y el respeto por los demás. Una cuestión clave será el número de personas que se sumen a la causa.

Además de dinero, la situación económica requiere creatividad para encontrar soluciones eficaces a los retos comunes. La respuesta no puede ser los Estados-nación primero. Es necesario que haya una comprensión colectiva y una toma de conciencia del hecho de que somos más fuertes si estamos unidos. El Comité Económico y Social Europeo debe plantear estas cuestiones impopulares y a menudo olvidadas, para aportar un valor añadido a este debate.

Otro gran reto para la sociedad civil es restablecer la comunicación abierta con los ciudadanos y superar el distanciamiento social. La comunicación es un aspecto fundamental de nuestra sociedad democrática. Los representantes de las organizaciones de la sociedad civil tenemos que empezar a intercambiar y efectuar un seguimiento de las mejores prácticas para superar el apagón al que se ha visto sometida la vida social.

 

Todos los políticos, a todos los niveles, deben entender que solo nuestra Europa es aceptable.


Por lo tanto, es de suma importancia comprender y abordar las posibles consecuencias para la comunicación y nuestra sociedad si queremos impedir el auge del populismo y los grandes conflictos en nuestra sociedad. Solo de esta manera estaremos en condiciones de preservar nuestro modo de vida europeo y la prosperidad en toda Europa.

Aprovechemos esta desafortunada situación para reforzar la resiliencia de la Unión Europea mediante la instauración de una verdadera sociedad civil europea.

Todos los políticos, a todos los niveles, deben entender que solo nuestra Europa es aceptable.

 

 

Arno Metzler, presidente del Grupo Diversidad Europa del Comité Económico y Social Europeo (CESE)

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