De la economía de la atención a la economía de la suscripción

Ana Aldea, Directora de Datasocial

 

Hasta hace poco la información era un recurso escaso y de difícil acceso. Durante siglos, solo unos pocos elegidos podían acceder a universidades o bibliotecas. Sin embargo, en las sociedades modernas, cualquier persona con acceso a Internet puede acceder en segundos a más información de la que podría consumir en toda su vida; así que la información ha pasado de ser un recurso escaso a ser un recurso muy abundante. Herbert A. Simon  fue quizás la primera persona en definir el concepto de economía de la atención cuando escribió:

En un mundo rico en información, la riqueza de información significa una escasez de otra cosa: la escasez de lo que sea que la información consuma. La información que consume es bastante obvia: consume la atención de sus destinatarios. Por lo tanto, una gran cantidad de información crea una pobreza de atención y la necesidad de asignar esa atención eficientemente entre la abundancia de fuentes de información que podrían consumirla. (Simon, 1971)

Los medios de comunicación de masas han sido uno de los catalizadores claves en el cambio de la economía de la información a la de la atención. La publicidad se ha ido colocando en los márgenes de la información para robar a los seres humanos segundos de atención para sus mensajes comerciales. Hasta los primeros años de Internet la información y el entretenimiento estaban en manos de grupos profesionales de la información y el entretenimiento, que vendían las migajas a los publicistas para que pusieran anuncios: en los márgenes de los periódicos, en los primeros segundos de las películas.

 

Hasta los primeros años de Internet la información y el entretenimiento estaban en manos de grupos profesionales de la información y el entretenimiento.

 

LA ERA DE LA ATENCIÓN

La web 2.0 fue el campo de batalla definitivo para la guerra de la atención: los vídeos de bebés panda conviven con las fotos de tu primo en la playa en Marbella y el reportaje de The Guardian sobre la franja de Gaza. Millones de personas creando pequeñas historias, pequeñas piezas de entretenimiento…, solo Youtube tiene mil millones de horas de reproducción diarias.

Aunque la información disponible en Internet es infinita, la atención de los seres humanos no lo es. En los últimos años los medios de comunicación han peleado como pirañas por la atención de los usuarios. Muchos han aceptado el fracaso. Otros aún no. Lo cierto es que no han sido capaces de monetizar la atención de los usuarios.

El modelo de negocio era una prolongación de la era de la información: intentar captar la atención de los usuarios y aprovechar los márgenes para colocar anuncios. Los anuncios de los periódicos se convirtieron en banners. El cierre de BuzzFeed fue la punta de lanza de la quiebra del modelo: no hay negocio sostenible posible si se pagan céntimos por miles de usuarios.

En España, algunos medios como eldiario.es se adelantaron. Da igual que nos presten atención. La rentabilidad no viene por la atención, si no por la suscripción.

 

El concepto de pago por suscripción se desliga definitivamente de la economía de la atención. Da igual que lo uses o no, da igual que prestes atención o no.

 

LA ERA DE LA SUSCRIPCIÓN

En 2020, la economía de la suscripción facturó «en España 3.170 millones de euros, un 28% más que en 2020, y sumará 29,4 millones de suscripciones activas». El concepto de pago por suscripción se desliga definitivamente de la economía de la atención. Da igual que lo uses o no, da igual que prestes atención o no. Es mucho más que un derecho de acceso. Pagas por tener disponibles toneladas de contenidos que no podrás consumir aunque vivas trescientos años.

En el fondo, es como si al ir al cine pagaras por entrar al edificio vieras o no una película, y es que quién no ha perdido horas viendo el catálogo de Netflix sin decidirse. Aún así, aunque los modelos de negocios basados en la atención vinculados a la industria de la comunicación hayan quedado obsoletos, aún nos quedan muchos años en los que los seres humanos tengamos que aprender a regular nuestra atención.

La economía de la atención seguirá siendo muy relevante en el futuro que emprendemos como sociedad: ¿cómo será el trabajo y la educación en un mundo sin atención plena? ¿Seremos capaces de renunciar a términos tan asociados a la modernidad como multitasking? El tiempo lo dirá.

 

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